martes, 2 de enero de 2018

La peor desilusión de todas

¡Qué terrible es la desilusión! Esperas una conclusión mágica, un resultado que generará felicidad en automático. Si es constante, la felicidad perdura hasta un momento cuando crees que será interminable; sin embargo, la mancha del mantel, el negrito del arroz, lo que es real, pero al mismo tiempo inverosímil. La especialidad del Cruz Azul, de los amantes de Paquita, de los votantes que creen en la palabra del político, como las enfermeras que gritaron durante un mitin: "¡Peña, bombón, te quiero en mi colchón!" y que después sufrieron con el reconocimiento de su profesión; como los niños que descubren quiénes son en realidad Santa Claus y los Reyes Magos; como tú cuando exhibiste tu cruda verdad.

Resultado de imagen para decepcionSí, tú, maldita WWE. Por ti te quise y por ti te dejé. Ahora un PPV no tiene el tinte de atractivo que cuando los storyliners eran mejores que las buenas novelas. ¿Cómo olvidar cuando CM Punk renunció a la empresa siendo campeón y después aparecería para retar al nuevo monarca John Cena? ¡Dos campeones del mismo cinturon! ¿Cómo olvidar aquella noche cuando Benoit y Eddie Guerrero se abrazaron porque los dos mejores amigos quedaron campeones? Cuando en esa misma noche, el hijo de Gori hizo gracia de su ingenio y derrotó al gran Kurt Angle. ¿Cómo olvidar aquella vez cuando el propio Angle le tuvo que ceder su título a Rey Mysterio que se convertitía en el nuevo campeón contra todo pronóstico? ¿O cuando Alberto del Río se ganó el Royal Rumble?

Tantas satisfacciones y al final, pesó más la manchita negra en el mantel. Y no era una mancha cualquiera, era la manchita negra del mantel más caro. Hay cosas que son intocables en las tradiciones de cada lugar, incluso en el terreno de la lucha. La máscara del Santo, de Blue Demon, sabemos que no las perderán porque se violarían las figuras que identifican a la lucha libre mexicana. Podrá perderla Último Guerrero, Volador, La Sombra, los mismísimos Villanos, Blue Panther con todo el dolor del alma; hasta leyendas como el Rayo de Jalisco, Black Shadow y hasta el propio Huracán Ramírez que solo se la quitaba, o el mismo Alberto del Río que renunció a ella, sabiendo lo que significa renunciar al legado de la dinastía de San Luis Potosí (Mil Máscaras, Dos Caras Sr. y Psicodélico), al legado de leyendas, en pro de una exitosa carrera profesional en el mundo del pancracio y vaya que lo ha logrado y con estupendas creces.

Pero volviendo al tema que les comparto, la desilusión es terrible. El PRI, por ejemplo, ya no me desilusiona; como tampoco la clase política. Sé que ellos harán chingaderas pero mentalmente, como ciudadano, ya las tengo lamentablemente presupuestadas. La desilusión sigue siendo terrible y esa manchita negra en el mantel más caro me la dio la WWE con algo que era tradición y no se tenía que vulnerar por nada del mundo.

No, no fuiste tú la que me otorgó la mayor de las desilusiones. Al contrario, si ya estabas destapando tus recuerdos negros o el catálogo pecaminoso en perjuicio de tu prójimo, no. De hecho, no tienes nada tan malo que me haya provocado un triste final. Hiciste lo mejor que había en ti y lo valoro, lo guardo con mucho cariño en el fondo de mi corazón. La decepción más grande fue la condenada WWE cuando hizo que BROCK LESNAR DERROTARA AL UNDERTAKER EN WRESTLEMANIA 30.


El hombre muerto, invicto en los Wrestlemanias. El más cercano a derrotarlo: Shawn Michaels. Él merecía vencerlo y al menos, romper esa tradición hubiera estado en la línea de respeto; sin embargo LESNAR, ¡LESNAR!, el que sucumbió ante descendientes mexicanos como Caín Velasquez en UFC y Eddie Guerrero en mi desilusionante WWE. Castigo, conteo de tres y la arena sorprendida, para mal. A partir de ahí ya nada fue lo mismo.

Me fui de ti, me alejé, ya nada fue igual. Por algo ya sólo hueles a nostalgia a un buen recuerdo cuando lo fue.

Ésa es una decepción que duele de verdad y, para variar, cuando trato de retomar mi afición por WWE. Llega Roman Reings y lo sucumbe en otro Wrestlemania más. Así, así no se puede, ¡carajo!



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