20 mar. 2016

El palo


Eran tiempos en los que un puente era emoción, la llegada de la primavera era lo máximo y salir al balneario era excitante y genial. ¿Qué ha pasado? El dólar vale casi 20 varos y lo único a lo que podemos aspirar es a un palo... a un palo para selfies donde colocamos nuestro celular para tomarnos una foto donde le aparentemos a los cercanos que en realidad sí vamos a la playa. La verdad es que agarramos un poco de arena para gato, una sombrilla del PAN y nuestro atuendo en traje de baño donde nos postramos en la banqueta que simula, a toma cerrada, una presencia en Malibú.


Gracias a ese palito, podemos simular que estamos muy felices. Podríamos aparentar que estamos en el Titanic, pero es el table Sirenas de Morelia. Podríamos aparentar que estamos en Wembley, pero en realidad estamos en el deportivo. Podríamos aparentar que estamos en New York, pero en realidad sólo es una toma en Infonavit La Colina, una toma cerrada donde sí podríamos estar en Wall Street.

Peña Nieto no se ha valido de ese palo que ha hecho felices a muchos mexicanos —hasta La Gaviota, posiblemente—: el palo para selfies. Un palo que puede engañar más que un noticiero televisivo de la vieja era. Un palo del cual no se ha valido Peña Nieto para regalarlo en lugar de las televisiones (tal vez ha regalado otra clase de palos vía represión militar o policiaca), pero ¿para qué? Haya o no haya palo para selfie, otro palo es el que, como buenos mexicanos, nos quieren dar.

¿Y sabe qué? ¡Déjese ahí y vaya por su palo!

No hay futuro.

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