6 ene. 2016

Melchor Ocampo y el futbol.


Melchor Ocampo lo fue todo. Estuvo en Hacienda, Gobernación, Relaciones Exteriores; estuvo con Santa Anna y con Juárez. Era como el Luis Figo, el Ronaldo o el Luis Enrique de la política. Que estuvo en los opuestos y en los dos hizo lo suyo y a los dos los enojó. Fue Gobernador de Michoacán —quién sabe si aplicaría el reemplacamiento en estos tiempos— y es un personaje histórico que hoy se le recuerda.

Tuve el honor de estudiar en la Prepa 5 de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo que lleva su nombre.

Melchor, el gran reformador —a lo que aspira Peña Nieto pero nomás no llega ni al 2%—, el que debilitó el poderío de la Iglesia sobre el estado; Melchor, tocayo del gran Rey Mago que me trajo mi talco para el zapato tenis colocado al pie del árbol de Navidad. Melchor, el gran cupido que da segundas oportunidades a los que en un futuro quisieran divorciarse. ¡Oh, gran Melchor, benefactor del libre tránsito de mercancía gringa con el tratado Mc-Lane! —¿cuántos Play Stations hubieran circulado sin tanto problema en estos tiempos?—, pero finalmente el Tratado no se dio (el tratado parecía un Salinato desesperado).

Como todo político, hubo cosas positivas y negativas en la figura de Melchor. Los expertos en historia nos pueden dar más detalles y correcciones por si en algo me he equivocado.

Bueno, tengo una anécdota que compartir con la figura ilustre de Maravatío y quizá mis compañeros de prepa también. Aquí les va:

Corría el año de 1992 cuando el fondo del traspatio de la Prepa 5 se encontraba a media construcción. En ese traspatio, había jardines con pasillos de cantera, muy hermosos; a un costado del fondo, en la parte izquierda, la biblioteca, el salón de la sección 05 —donde iba— y a un costado, entre la división del primer patio, el salón de Químico Biológicas y los baños. Frente a estos, un salón improvisado con Panel W en construcción, cuyo techo eran vigas y cantera; sus ventanas, unos arcos. Los salones y la división formaban un ángulo de noventa grados. A un costado, una enorme pared, muy enorme que estaba la altura de la prepa. Arriba de los salones de Químico y 05, la segunda planta. El traspatio era un cuadro tan enorme que tenía al fondo, casi limítrofe con la obra negra donde —tengo entendido— actualmente son los laboratorios —anteriormente, nos tocaba ir a la Prepa 1, el Colegio de San Nicolás, a cursar las materias de Química, Física y Biología, ¡cómo sufríamos con los horarios!—, el busto de Melchor Ocampo.

¿Qué es lo que recuerdo del gran Melchor?

Bueno, el traspatio de la Prepa, como escribí anteriormente, era tan amplio que daba la oportunidad de practicar futbol, específicamente tiros de esquina. El arco de cantera, ubicado a un costado del busto, podía usarse como portería. Detrás de ahí, unas bancas, afuera de cada salón.

Yo estaba sentado en una banca, tal cual espectador de un partido de futbol. Mis compañeros ensayaban tiros de esquina. Uno de ellos mandó el centro muy elevado, tan elevado que ninguno pudo rematar pese al esfuerzo que hicieron para sus saltos. El esférico se direccionó con potencia, muy rápidamente, nada más ni nada menos que en la frente del busto de Melchor Ocampo. La figura no se movió, pese a la potencia del tiro; sin embargo, el balón, con esa misma fuerza, se dirigió hacia la parte media del arco que, comparado con una portería, hubiera sido el ángulo de la misma, lugar hacia donde se lanzó el portero, con mano invertida, y no pudo detener el disparo. Creo, que a estas alturas, ni Calero, ni Zelada, ni Marín, ni Neuer, ni Bravo, ni Larios, ni Casillas, ni Corona hubieran podido detenerlo. Yo como Paco Memo, lo observaba desde una banca. En eso, mis compañeros festejaron el gran remate de cabeza que metió Melchor Ocampo. Si Jared Borgetti lo hubiera visto, se moriría de envidia y todos fuimos a abrazar al busto que le celebrábamos su golazo.

Quizá haya sido el único gol que Ocampo haya metido en "su vida". O quizá hubo otros más. No lo sabemos. Lo que sí, es que ese golazo nadie, absolutamente nadie, ni en la Copa de Campeones de Europa lo meterían. El gol que Borgetti metió contra Italia durante el mundial del 2002, se queda corto; Hermosillo con Cruz Azul, también.
Ocampo, aparte de reformador, fue un gran rematador.



Arturo Borja.

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