9 feb. 2015

Cuando limpien su sangre del ring.



Ocurrió en 1990. Mi hermano y yo hacíamos fila en la calle Eduardo Ruiz de Morelia. Poco adelante de la antigua central camionera. Ahí se encontraba la Arena Morelos, una pequeña arena de lucha libre donde cada semana estelarizaban los combates, luchadores de renombre, pertenecientes a la Empresa Mexicana de Lucha Libre.

La función comenzó a las 9 de la noche y nosotros seguíamos en la fila. Parecía que jamás entraríamos. No eramos los únicos desesperados por el retraso. Adelante de nosotros se hallaba un padre de familia con su pequeño hijo de seis años aproximadamente. Por la desesperación, el niño tampoco creía que alcanzaría a ver toda la función estelarizada por los grandes rivales de ese momento: Octagón y Fuerza Guerrera.

Se alcanzaba a escuchar el anuncio de la primera lucha preliminar, después el de la segunda. Durante su transcurso y mientras mi hermano y yo esperábamos en lo que la fila avanzaba, el niño le preguntó a su papá si alcanzarían a ver al amo de los ocho ángulos. No es por exagerar pero Octagón tenía más idolatría entre los niños que el propio Chabelo. Por eso no era extraña la actitud del infante.

— "Papá, ¿alcanzaremos a ver a Octagón?", el niño le preguntó con un poco de angustia a su padre.
— "Sí, hijo. Entraremos a la arena cuando ya estén trapeando su sangre del ring", le contestó con cierto sarcasmo: "¡Arriba Fuerza Guerrera!", exclamó con mucho júbilo.

De pronto se escucharon risas de los cercanos mientras el niño comenzó a llorar. Por fortuna, la fila comenzó a circular con mayor agilidad y gozamos de la mayoría de las funciones, incluyendo la lucha estelar. Parecía que el niño superaría el disgusto que tuvo mientras estuvo formado cuando vio de cerca a su ídolo Octagón.

Sin embargo, las palabras de su padre se convirtieron en casi proféticas cuando Fuerza Guerrera le propinó una golpiza a su rival oriundo de Veracruz, cuya máscara porta un cintillo rojo que fue amarrado en la segunda cuerda: "¡Octagón, Octagón, Octagón!", expresaba con júbilo el luchador del barrio de La Merced mientras atacaba con plena libertad a muy sometido rival jarocho. Finalmente, Octagón no se pudo someter ante una llave de Fuerza Guerrera quien terminó ganando el combate.

Pobre niño, a partir de ahí, se dio cuenta que la vida no sería fácil.

0 comentarios: