24 jun. 2012

A minutos después de ver Gimme the power.




Vengo de ver el documental de Olallo Rubio "Gimme the power", cinta donde usa —así mismo lo expresa el autor— al grupo Molotov para narrar el autoritarismo priísta y los 12 años de panismo en México.

Fue una época en la que me tocó vivir en todo su esplendor la era del "¿Dónde jugarán las niñas?" y, como lo narra la película, creíamos que todo iba a cambiar: 24 horas o el noticiero del sistema desaparecía, la oposición ganaba las primeras elecciones del Distrito Federal, moría "El Tigre" Azcárraga y se avecinaba el triunfo a la presidencia de un partido diferente al PRI. Todo eso lo viví y lo relata la película a través de diferentes portavoces tanto del acontecer nacional, como de los músicos que conocen a Molotov o los que les tocó vivir la represión post Avándaro.




Después de ver la película me quedé con esa sensación de apatía por la situación del país, donde el PRI amenaza con regresar, a la gente ya le da hueva hablar sobre los problemas que afectan a la nación y, peor aún, no reclama como en su tiempo lo hizo Molotov sin compromisos, poses u oportunismos, simplemente porque les nacía. Y he ahí lo gacho actualmente: ésa es la naturaleza del rock: diversión, protestas, contestatario, pero ¿qué se ve hoy en la escena? Nada. No se ha sabido de algún grupo que mueva a la gente, que exprese la situación actual del país con ese poder de convocatoria.




Desde mi óptica, el rock atraviesa por un estado de coma en el aspecto protesta. Hace falta otro grupo loco como ellos para animar a la banda. He dicho.

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