3 ene. 2012

Esa chaqueta mental llamada "Propósito de año nuevo".


  Los propósitos son aquellas chaquetas mentales que se aterrizan con un cierto matiz de realismo. Todo aquello que un mortal ilusionado quiere convertir en realidad, pero que no está dispuesto a trabajar por ello; sólo a imaginarlo.

  Por ello, mejor os invito a que no te propongas deseos porque si los aterrizas y no eres consciente de los mismos harás un trabajo forzado que a corto o mediano plazo abandonarás, desembocará frustración y, en el peor de los casos, resultados inversos.

  Esos propósitos que no eres capaz de cumplir, generalmente los realizas con aras de superación que no estás dispuesto a asimilar. En caso contrario, si tu vía es satisfactoria, no hay tiempo que perder. Está todo el camino abierto para que circules libremente y logres lo que sí te convence de fondo.

  Por eso, en este inicio del 2012, te invito a que elimines esas falsas chaquetas mentales llamadas propósitos de año nuevo y no desees. El deseo conlleva a la frustración, mejor cumple todo aquello que está en tus manos, con armonía, con alegría, con dedicación y así no sentirás tu deseo forzado y, sobretodo, muy bien realizado. Fluye como el río: no hay futuro, nenes.

  Un propósito de año nuevo fue el de mi amigo Ramiro que había dicho que se terminaría cog... a la chava que le gustaba y la chava se lo terminó cog... a él: lo dejó sin dinero.

  Otro más, el de mi amiga, Celeste que dice que bajará de peso pero que no tiene tiempo de mandar a arreglar su bicicleta estacionaria.

  Otro más, el de mi tío Luis Roberto que decía que su propósito era sacarse la quiniela (propósito que no está directamente en sus manos) y terminó con un chingo de volantes de Progol en la basura; también el güey le ponía casillero al América.

  Tenga cuidado: el deseo puede ser la causa de su desdicha, si no está bien cimentado.

  Feliz año nuevo 2012.