11 oct. 2011

Odio las relaciones a distancia.


¿Qué tiene de productivo, emotivo y aspiracional una relación de pareja entre personas que habitan en puntos muy lejanos? Yo creo que nada. Es mera chaqueta mental, una ilusión que sustituye al alcohol en el hígado y a los pobres ilusos los malviaja cañón. Es algo meramente patético. Los novios no se abrazan, no se besan, no hacen el amor, no se acarician, nada, nada, nada. ¡Qué hueva! Si lo hacen, es esporádicamente; siempre con la ilusión de que algún día, sí, algún día (tan chocante y aflojerante que es este par de palabras: algún día) estén juntos y sean felices. ¡No mancheos! Es muy absurdo. Es como ir por el supermercado de la orilla de la ciudad a comprar una bolsa de gelatina cuando la tienda la tienes a media cuadra de tu casa y no sólo ahí, en tu propia casa, pero crees que recorres kilómetros es un mérito, un sacrificio para lograr un objetivo que, ya hecho, le pierdes el interés que te generaba su conquista.

Las únicas beneficiadas de una relación así son las compañías de autobuses, aviones, telefónicas y así.

¡Qué absurdo! ¡Qué absurdo es... tener una relación a distancia!

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