17 sept. 2011

INFIELES

Tengo que confesarlo y la verdad no me da pena: me gusta el programa “Cheaters” (Infieles) de Reality TV. Me llama mucho la atención los casos de mujeres desesperadas que sospechan de la lealtad de su pareja, llaman a los servicios de investigación privados, revisan el caso y justo cuando cachan al infiel en la jugada, le enseñan los videos donde estaba engañando a su media naranja. Lo más emocionante del caso viene cuando los condenados detectives le piden a la víctima del engaño que afronte la situación. Entonces ahí viene lo bueno porque a veces resulta que la mamá de la pareja, el papá, el mejor amigo o hasta el señor del gas le andaba poniendo “fuego a la pasión”. La persona afectada entra a discutir al cuarto, al hotel al restaurante o al lugar de los hechos, le grita a su pareja y surgen conatos de violencia entre la víctima y la persona que funge como amante del victimario.



Es un reality, o televisión basura, no obstante se me hace mejor que 12 corazones y no está tan actuado. De hecho, no es por justificarlo pero tiene más congruencia. A través de lo poco que conozco de comunicación no verbal observo a las víctimas que contratan a los detectives y por lo general son personas con tendencias enfermizas, obsesivas, obesas, muy feas, autoritarias o que tratan a la pareja como si fuera objeto de su propiedad. No con ello justifico la infidelidad, pero así… ¿quién no tiene ganas de escaparse de una relación engorrosa?

A veces me compadezco de tipos que están mamados, fortachones y galanes que tienen novias gordas y neuróticas que van a llorar a los estudios de Cheaters. El tipo atlético está con una chava de su nivel: sabrosa, inteligente, buena onda, pero resulta que llega Doña Margara Francisca región cuatro y gabacha a armar pleito y el novio regresa a su esclavitud codependiente porque, por mucho que el galán le haya puesto el cuerno a la novia, ésta no lo deja. La realidad está mejor que las telenovelas y lo más triste del asunto, es que los involucrados en la escena infiel actúan gratuitamente para la agencia que la víctima contrató.



Y eso era lo que le ponía chispa a este reality, pero como las últimas temporadas de Los Simpsons ya perdió sentido. Ahora las víctimas aparecen en la tele con la cara cubiera y no se pueden contemplar las expresiones faciales de Don Sancho o Doña Sancha cuando los cacharon “entre segunda y tercera” que se me hacían muy divertidas.

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