13 jul. 2011

Mi posible teoría de porqué le gusto a las gordas: un baño del Sheraton está embrujado.




   Comenzaba el mes de mayo de 1997 cuando el ex Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, realizó una breve visita a México. Fue recibido por el entonces mandatario mexicano Ernesto Zedillo. La razón de la visita... ya no la recuerdo; de lo que sí, una visita que hicieron a Teotihuacán el día 7.


   Bill Clinton se hospedó en el Hotel Sheraton en ese entonces. 

   En ese mismo año tuve la oportunidad de conocer el hotel. ¡Qué digo hotel! ¡Hotelazo!



   El hecho fue que tuve la experiencia de disfrutar (aunque sea por motivos de trabajo, porque está complicado que yo la rente) la suite donde se hospedó Clinton durante su visita a México poco tiempo después. Una suite muy padre donde puedes saludar de lejecitos al Ángel de la Independencia.

   Era el mes de octubre de 1997 cuando la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión (CIRT) organizó uno de sus ya acostumbrados congresos anuales, pero los señores Laris (propietarios del consorcio radiofónico RASA) vieron que la CIRT abusó del precio de inscripción y se les hizo más factible rentar una suite por unos cuantos días. Terminadas las conferencias, traían a los radiodifusores a la suite y les promovían varios servicios radiofónicos que tenían a la venta, mas cuando en ese momento se estaba haciendo la transición de la era analógica a la digital; de la cinta de carrete abierto, a la computadora.

   En aquel entonces yo cursaba el quinto semestre de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Vasco de Quiroga de Morelia (UVAQ). Durante mis tiempos libres ayudaba a mi padre en la venta de software radiofónico proporcionado por Broadcast Software International (BSI), una buena empresa de Eugene, Oregon.

   Pese a mis 19 años de edad en ese entonces, tenía la facilidad de explicar por detalles los funcionamientos de cada programa. Desde una cartuchera virtual hasta un automatizador de emisoras de radio.

  ¡Wow! Realmente esos tiempos los disfrutaba porque además de lo que hacía, tenía la oportunidad de conocer a la gente pesada del medio radial como el Sr. Rogerio Azcárraga, dueño de Radio Fórmula o el Sr. Joaquín Vargas, de MVS.

   Mi mayor experiencia no fue tanto esa. De hecho, no me impresionó ver a esos señores. Hubo dos momentos que gocé demasiado en aquel entonces: el primero de ellos, escuchar a Martín Hernández en vivo y en directo desde el 96.9 cuando aún era WFM y el siguiente y más gratificante fue...

   ¡Hacer mis necesidades en el mismo baño en el que hizo Clinton!

   No sé... Nunca lo llegué a imaginar. Estoy cagando en el retrete del Presidente de los Estados Unidos. Por un momento me sentí poderoso, pero al mismo tiempo sabía que era un ente insignificante.

    El baño olía de maravilla. Hacía agusto y aparte escuchando el programa de Martín Hernández ¿qué más le podía pedir a la vida? Ese momento fue realmente maravilloso. Además no era necesario el uso de papel sanitarios porque era digital y tenía unos comandos para que el aire limpiara la colita. ¡Wow! Era lo máximo. Difícilmente volveré a cagar en uno como ése en mi vida, el mejor baño del mundo, el baño de la suite principal del Hotel Sheraton María Isabel de México, Distrito Federal. El mismo de donde corrieron a los cubanos, el mismo que clausuraron y el mismo donde hicieron un alboroto político en el 2006.

    Por cierto, hasta ahora no entiendo porqué hicieron tanto alarde por eso y no así, en su momento, con la expulsión de Cher y Sony Bono de un hotel Hilton porque los confundieron con "peligrosos hippies" en los años sesentas.

   Como todos ustedes saben, casi un año después se suscitó un escándalo que por poco le costaba el puesto al Sr. Clinton: el 18 de enero de 1998 se difundió la noticia de que el entonces mandatario de los Estados Unidos mantenía relaciones sexuales con Monica Lewinsky, becaria de la Casa Blanca.. Más tarde, Clinton reconoció el hecho y terminó disculpándose con su nación en un mensaje televisado a distintos medios.

   Monica Lewinsky tenía 21 años y, para ser francos, no era bonita: estaba gorda. Y todo eso pasó después de que Clinton cagó en ese mismo baño donde yo cagué.

   Hasta ahora he llegado a pensar que el retrete de la suite principal del Sheraton, está embrujado porque después de que yo lo usé, al igual que Clinton, empecé a ser acosado por gordas durante toda mi existencia. En 1999, una argentina con cuerpo de elefante me hablaba desde Mexicali para que le hiciera voz de hot line; en el 2003, una diseñadora de modas panzona (pero que después se niveló) me confesó su enamoramiento hacia mí; en el 2004, otra gorda que trabajaba en una tintorería casi casi me rogaba que le diera pa sus chicles; en ese mismo año tuve un affaire con una ex operadora de radio que no estaba fea, pero sí tenía sus kilitos de más (incluso ella le ponía el cuerno a su novio); en el 2005 una amiga de mi hermana con cuerpo de hipopótamo también quería andar conmigo y me acosó en una fiesta y en el 2006, hubo otra chava que de plano me le tengo que esconder porque si me le aparezco, no termino vivo. Tanto que, por no hacerle caso, me mandó un mensaje a mi cel que decía:


   "Te odio y te desprecio por joto y por pocos huevos, porque te doy miedo, porque sabes que yo te puedo hacer feliz y no tienes el valor de... ser parte de mí, aún".



    ¿Por qué le gusto a las gordas? Bueno, por una parte no me quejo. Sería peor que fuera ¿por qué le gusto a los gays? Pero, ¿por qué les gusto a las gordas? Es más fácil que Paquita la del Barrio se fije en mí que Alicia Silverstone, Shirley Manson o la nena más sexis que conocí en la escuela. Durante los últimos años traté de explicármelo y ahora estoy encontrando una posible respuesta: el baño de la suite principal del hotel Sheraton María Isabel del D.F. está embrujado. Primero embrujó a un presidente para que se turbara a la gorda Lewinsky y después, a mí... el pedo es que ya son varias y no sé cuántas falten. ¡Chales!

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