6 jun. 2011

Futbol y placer: siempre lo mismo, nada atractivo.



   Desde hace tiempo desconozco el momento cuando el futbol de la selección dejó de producirme placer. Sí, lo desconozco. Se ha vuelto tan rutinario y sin retos que lo vuelvan atractivo. Cada año es lo mismo: partidos amistosos en Estados Unidos contra Colombia, Ecuador, Venezuela o alguna selección centroamericana. Por lo general, empata a uno o gana. Los cronistas simulan o generan una emoción desbordada, como si la selección hubiese ganado todo. ¿Por qué no programar un partido en tierras mexicanas contra selecciones de alto pedorraje? Sería más emotivo. Uno o dos partidos contra Alemania, España, Italia, Portugal, Argentina, Brasil, Holanda, Francia o Inglaterra no caerían mal. Es más, la selección mexicana se sentiría más comprometida a la obtención de un excelente resultado, pero ¿qué veo? Cada año lo mismo, lo mismo y lo mismo. Y como lo rutinario no genera placer, las televisoras lo convierten en algo atractivo. ¡Qué mierda!

   Ahora El Chicharito es la sensación. Es un gran jugador. Metió tres goles ayer, pero aún así, es lo mismo. Fue contra El Salvador. Me quiero imaginar a los aficionados de Miami Heat emocionados porque Lebron James le metió 200 puntos a las Ranas de Cupatitzio. ¡Obvio, no! Produce más emoción cuando es una competencia importante con un equipo importante. La Copa de Oro ¿qué?

   Es más placentero en estos momentos escuchar una buena pieza de Pink Floyd o ver una excelente película que chuparnos el dedo con la monotonía vestida de atractivo en cuanto a la promoción futbolística que las televisoras abiertas mexicanas (Televisa y TV Azteca) le dan a la selección nacional.

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