26 abr. 2011

Barberos




México está lleno de barberos y malditos sean. Lo único que hacen es crearte una serie de fantasías cimentadas sobre un puño de mierda. No son sinceros, dejan de ser lo que son y agregan un contagio hacia tu mente para que crea algo que no eres, no sientes o no tienes como si fuese lo más realista de toda tu existencia.

Pero tú ya no eres nadie, estás sumido, la vida dio sus vueltas y ¿qué ves? Esa realidad que el barbero nunca se atrevió a contarte. ¡Qué méndigo!

La sociedad no necesita barberos. En México abundan en el sector público y además sale caro mantenerlos (obsérvelos en noticieros que cobran chayote y en las campañas políticas). Hitler siempre pensó acabar contra los judíos, pero nunca contra los barberos, tipos que le hacían creer lo que no era: un vil enano resentido. Cuando la vida exige lealtad, ellos son los primeros torpes que se alejan.

El barbero está lleno de miedo y se somete a la autoridad, sea ésta legítima o no. El barbero prefiere decir un sí contra su voluntad que enfrentar todas las adversidades que le suponga la vida, pese a que éstas lo llenen de crecimiento como consecuencia. El barbero prefiere quedarse estancado y su único instrumento, la voz complaciente, es el sostén de tantas irrealidades construidas para complacer al que lo puede someter. ¿No se habrá dado cuenta que él tiene suficiente poder para dominar al que lo llena de miedo?

El barbero es enemigo de la dictadura, del autoritarismo, pero irónicamente es el primero en proteger tal esquema con el objeto de que conserve su estabilidad personal, mas familiarizada con el miedo que con la alegría, con la angustia que con la libertad.

El barbero es preso de sus propios miedos; la libertad, el mayor de sus miedos. Por ello el barbero sostiene a la dictadura. Vamos, no seas así y a quienes lo sean, eliminen ese complejo.

Decía Álvaro Obregón: "No temas del enemigo que te ataca, sino del amigo que te adula".

Recuerden que vivimos tiempos hipócritas.

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